BIENVENIDOS A MI BLOGGER

Bienvenidos

domingo, 1 de septiembre de 2013


LA JUVENTUD Y EL FUTURO

“Los jóvenes son como las plantas; por los primeros frutos se ve lo que podemos esperar para el porvenir”. Demócrates.

      Sobre la juventud se ha escrito, se escribe y se escribirá mucho, y no es retórica cuando se afirma que los jóvenes son el futuro del país. Es verdad (todos hemos sido jóvenes y lo podemos afirmar), que la juventud significa entusiasmo, energía, voluntad, desprendimiento, convicción, optimismo, fe. Pero también es verdad que carecen del cúmulo de experiencia de los mayores lo que muchas veces les hace incurrir en errores que pueden estropear las tareas emprendidas o dificultar alcanzar los objetivos propuestos.

Por supuesto que también hay jóvenes que por distintas razones han descarriado y transitan el camino de las drogas, la delincuencia o que cayeron en variadas formas de lumpenaje o corrupción, como es el caso de aquellos que conocemos que en los gobiernos (local, regional o nacional) fungen de funcionarios, pero son pivotes para el latrocinio y piezas de recambio de un sistema de corrupción que le roba a su pueblo. Aquí los vemos. ¡Raza de víboras!, les diría el nazareno. Los poderosos intereses mezquinos, a la juventud le tienen temor y siempre tratan de someterlos para asimilarlos y domesticarlos para que coadyuden a justificar el nefasto sistema imperante.

 Pero nada de eso empaña la fuerza, vitalidad y energía juvenil, fundamentales para todo cambio, es por eso el temor de quienes redoblan sus esfuerzos para enajenarlos, manipularlos y sustraerlos de su afán de reflexión, crítica, entusiasmo por cambiar el estatu quo imperante. Prefieren una juventud adormilada, pasmada y vaciada de contenido. ¡Cuidado que los vuelvan como la llamada Generación X, que propició el fujimontecinismo!

Los jóvenes deben saber que desde pequeños deben leer y preguntar mucho,  reflexionar, discutir, debatir, criticar, eso es propio de la juventud. Pero también, deben saber que tienen que aprender mucho de los viejos que no por gusto por el trajinar de la vida, el estudio y la experiencia han acumulado conocimiento y discernimiento de vida que de antaño le denominan sabiduría. Deben saber que así como hay jóvenes descarriados o malos, también hay viejos encaminados y buenos. No se debe caer en el error de generalizar. Se puede discrepar con las personas pero se les debe respetar, las ideas se combaten con ideas.

 Pero lo fundamental que deben saber los jóvenes es la importancia de la organización, la unidad y la lucha para encarar y resolver los problemas sociales. Que deben esforzarse por colaborar con los viejos por la defensa de sus organizaciones consideradas matriz o alma mater de la población, comunidad o sociedad.

A la organización, a la institución se les defiende, se hacen esfuerzos por mantenerlas incólumes o mejorarlas; no se la sabotea ni liquida como alientan, auspician o hacen otros. Esa tarea es permanente y eterna. Por eso la juventud debe autoeducarse, autoformarse. Ahí tenemos ejemplos de grandes autodidactas como José Carlos Mariategui, César Moro, José María Eguren, o nuestra insigne historiadora María Rostworoswski, entre muchos otros.

 La energía de la juventud y la experiencia de los viejos deben juntarse y ser binomio para el cambio y el desarrollo. Los jóvenes deben demostrar espíritu para el trabajo en equipo, ser propositivos y dejar los prejuicios a un lado para poder avanzar; ganándose la confianza de todos.

Es necesario creer en la juventud, la generación del mañana, que debe ser mejor que nuestra generación, con mayores virtudes y menos defectos, que encarnen las mejores virtudes, valores y principios, muchas veces olvidados. Es necesario la fe en ellos, pero ellos deben ganarse esa fe, para superar a las generaciones anteriores y ser prototipo o paradigma de los que vendrán, y luego no nos lamentemos como Rubén Darío: “Juventud Divino Tesoro, ¡ya te vas para no volver!
ATV